
El 8 de mayo de 1971, en Monte Carlo, Carlos Monzón afrontó su primera defensa del título mundial de los medianos frente a Nino Benvenuti. Lo que parecía una revancha para despejar dudas terminó en una contundente confirmación: menos de nueve minutos bastaron para que el santafesino ratificara su reinado con un nocaut que selló definitivamente la historia.
Luego de consagrarse campeón ante Benvenuti, el 7 de noviembre de 1970, en Roma, Carlos reapareció en el Luna Park ante Charley Austin, el 19 de diciembre, y lo noqueó en dos asaltos.
No fue lo único.
Hizo dos peleas más.
En febrero de 1971 enfrentó a Domingo Guerrero -un boxeador de apenas 8 peleas- a quien hizo abandonar en dos vueltas, en la ciudad de Salta y el 6 de marzo en Santa Fe -por fin ante su público- y ganó por nocaut técnico en el segundo a Roy Lee.
Finalmente, llegó el turno de la revancha con Nino Benvenuti, quien, a su vez, venía de perder con el sanjuanino José Roberto Chirino, por puntos, el 17 de marzo en Bologna, tras haber caído dos veces. Como mínimo, alarmante pronóstico para Nino.
El 8 de mayo de 1971, Carlos enfrentó su primer desafío como titular del mundo de los medianos. La pelea no registraba grandes dificultades, porque era combatir otra vez más con Nino Benvenuti.
Sólo que esta vez el escenario iba a ser el Estadio Luis II de Monte Carlo, en el principado de Mónaco.
En el ringside se acomodaron -entre otros-, el Príncipe Rainiero junto a su hija mayor, la princesa Carolina, David Niven y - seguramente para gran sorpresa de Monzón- estaba allí, ansioso por ver su pelea, Alain Delon, a quien él iba a ver a los cines de la calle Lavalle.
Todo duró menos de 9 minutos para él
Era evidente que esa pelea había sido programada por las dudas de que hubiese algo raro en la primera, pero en realidad, y luego del tremendo nocaut logrado por Carlos, una revancha no se justificaba.
Sea como sea, en ese caso Lectoure se aseguró que el referí fuera el argentino Víctor Avendaño, excampeón olímpico. El hombre que, en noviembre de 1972, sería el referí del triunfo por puntos de Carlos frente a Bennie Briscoe. Aquella famosa noche en la que Carlos miró el reloj.
Benvenuti sabía lo que había sufrido en la primera pelea. Monzón, ahora campeón, salió desde el primer asalto a definir rápido. Después del primer round, en el segundo derribó al italiano con un tremendo gancho al hígado.
Benvenuti no estaba ni anímica ni físicamente preparado para esa pelea.
El final llegó en el tercero, cuando voló la toalla que Nino aparatosamente pateó para sacarla del ring, demostrando -o queriendo demostrar- que quería seguir peleando.
Años más tarde, conversando con Benvenuti, nos dejó una confesión: “En el primer round me quejé al referí, porque me estaba pegando en la nuca y los riñones. Avendaño me miró casi con una sonrisa, dejando seguir la pelea. En ese momento me di cuenta de que no podía ganar de ninguna manera”.
Por su parte, Bruno Amaduzzi, el hombre que lanzó la toalla, expresó con sencillez: “Pensé en mis hijos; hubiera sido criminal continuar la pelea. Nino tenía los ojos en blanco y la espuma le escapaba por la boca”.
Sin embargo, después de la pelea, más que festejar, Carlos se quejó: “Creí que me moría”, llegó a decir. “No podía ni siquiera tomar los cubiertos con la mano derecha”.
Apenas llegado a Santa Fe, Amilcar Brusa, preocupado por los dolores, llamó al doctor Luis Serrano. Cuando el profesional le clavó una aguja en el mismo lugar en donde había sido infiltrado, tenía mucho pus.
“Te pusieron corticoides en la articulación. lo que fue un grave error”, le explicó.
Lo llevaron de inmediato al Hospital Ferroviario y el doctor Juan Carlos Abraham manejó todo. Eliminaron los problemas de fisuras en los metacarpianos y los callos óseos que se formaban en la zona.
“Esa operación le salvó la carrera”, recordó el doctor Roberto Paladino quien, después de la revancha con Benvenuti, fue su médico personal. “A veces cuando a Carlos le ponía alguna inyección, contraía el músculo de tal manera que una vez hasta dobló una aguja”.
El mundo seguía andando. Lo esperaba con el tiempo y en el estadio Luna Park uno de sus compromisos más importantes, porque iba a estar frente a frente con el gran Emile Griffith.
Fuente: Carlos Irusta (ESPN)
Foto: Getty Images
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