
El 10 de febrero de 1933, en el Madison Square Garden de Nueva York, el peso pesado Primo Carnera enfrentó a Ernie Schaaf, noqueándolo en el 13° round. La pelea desencadenó una tragedia ya que el boxeador norteamericano, fallecería 4 días después.
Primo Carnera medía 2,05 metros, era tosco y carente de toda técnica, pero su demoledora pegada le hizo pronto ganar fama. Peleó en las principales capitales europeas. En Estados Unidos, la mafia que controlaba el boxeo en aquella época vio en Carnera una mina de oro y el mismo dictador Benito Mussolini lo contactó para utilizarlo como propaganda.
Primo Carnera se enfrentó, en el Madison Square Garden, a Ernie Schaaf, campeón de la Armada estadounidense. Schaaf había peleado previamente contra Max Baer, quien le propinó una tremenda paliza. Todavía no recuperado de ella, subió al ring ante Carnera. El combate no tuvo color; Schaaf rehuyó constantemente a Carnera, y el público comenzó a protestar. En un golpe no muy fuerte, Schaaf se desplomó. Falleció a los tres días. La prensa enseguida encontró carnada, y comenzó a aplicarle a Carnera el mote de ‘gigante asesino’, lo que lo catapultó hacia la pelea por el título mundial.
La autopsia reveló que Ernie Schaaf tenía meningitis, además de que acaba de recuperarse de una gripe poco antes de competir. Ambos factores pudieron ser clave no solo en su derrota, sino también en su muerte.
“Son las lesiones que le dejó Max Baer”, dijeron todos y de paso, le cargaron gran parte de la responsabilidad por el muerto.
Carnera lograría el título del mundo de los pesados meses después pero aquel combate terminó convirtiéndose en un episodio decisivo para la construcción —y también la controversia— del apodo que lo acompañaría durante toda su vida: ‘Il Gigante Assassino’ (el Gigante Asesino).
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