
El 23 de julio de 1952, los remeros argentinos Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero ganaron la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Helsinki en la prueba de doble par sin timonel, utilizando un bote prestado, más pesado que los de sus rivales y que había sido reparado artesanalmente antes de la competencia.
Capozzo y Guerrero llegaron a Helsinki como campeones sudamericanos, pero con una preparación limitada: solo habían competido juntos cinco veces. El bote que usarían, cedido por el Club Regatas de San Nicolás, llegó dañado. Tenía un peso de 36 kilos, más que los 24 kilos que usaban otros equipos. La reparación se realizó a mano, con colaboración del equipo soviético.
En la final olímpica, largaron rezagados. En el segundo tramo del recorrido, recuperaron posiciones y mantuvieron el ritmo. A pesar del golpe que casi hace perder un remo a Guerrero, la embarcación logró avanzar con firmeza. Las condiciones eran desventajosas, pero lograron mantener la técnica y la sincronización.
Argentina cruzó la línea de llegada en primer lugar, superando por seis segundos al equipo soviético. El tiempo final fue de 7 minutos y 32 segundos. Fue la última medalla dorada para el país hasta Atenas 2004. El bote quedó preservado en el Museo de Arte Tigre, y la hazaña se convirtió en un ícono del esfuerzo olímpico argentino.
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