El 7 de julio de 2013, a las 17:24 de Londres, Andy Murray escribió una de las páginas más importantes de la historia del tenis británico. Ese día, el escocés derrotó a Novak Djokovic en sets corridos y se convirtió en el primer británico en 77 años en ganar el título de Wimbledon, un logro que no se conseguía desde Fred Perry en 1936.
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