El 29 de mayo de 1985, el Estadio de Heysel en Bruselas, Bélgica, fue el escenario de una de las jornadas más oscuras en la historia del deporte. Aquella noche, la final de la Copa de Europa entre el Liverpool FC y la Juventus FC se transformó en una catástrofe sin precedentes que se cobró la vida de 39 personas y dejó a más de 600 heridos.
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