El 9 de mayo de 1982, el británico se impuso desde la décima posición en una carrera sombría, marcada por la tragedia del canadiense. Watson, que junto a Derek Warwick había socorrido a Villeneuve tras su accidente en la clasificación, tomó la delantera en la penúltima vuelta y cruzó la meta como si el espíritu del piloto de Ferrari lo hubiera empujado hacia la victoria.
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