
El 27 de diciembre de 2001, Racing se consagró campeón luego de 35 años sin conseguir títulos, y lo hizo dentro de un país paralizado por una crisis política y social. El equipo dirigido por ‘Mostaza’ Merlo nunca habló de campeonato, sino que iba ‘paso a paso’.
Dentro de un país paralizado por la crisis política y social, Racing y River, el otro equipo que llegó a la última fecha con aspiraciones, jugaron en medio de la semana sus compromisos ante Vélez y Rosario Central, respectivamente. Al conjunto de Mostaza Merlo le alcanzó con el 1-1 (el recordado gol de Gabriel Loeschbor) para quedarse con el título en Liniers, cosechando 42 unidades en la tabla. El Millo de Ramón Díaz goleó de local al Canalla, pero no le alcanzó, ubicándose un punto por debajo de Racing.
La última fecha del Apertura del 2001 estaba programada para el fin de semana del 22 y 23 de diciembre. El pueblo académico esperaba brindar en las fiestas con el ansiado título, pero dos días antes se produjo el estallido social que derivó en una de las crisis más significativas de la historia nacional.
Cuando De la Rúa decretó el estado de sitio, el pueblo volvió a salir a las calles. Los cacerolazos que exigieron su renuncia fueron reprimidos con violencia y la muerte de manifestantes completó la trágica escena de una Argentina desbordada.
El aroma a la pirotecnia que se percibía en las tribunas que lideraba la Guardia Imperial se convirtió en el olor a los gases lacrimógenos que se lanzaron frente a la Casa Rosada. Y la partida del Jefe de Estado en helicóptero cargó de tensión a la esperanza albiceleste: la gloría debía esperar.
Cuando Ramón Puerta asumió la presidencia se encontró con un país devastado. Y en su agenda también se encontraba la definición del campeonato. En una reunión ideada por Mauricio Macri (por entonces presidente de Boca), en la que participaron Julio Grondona (titular de AFA), Fernando Marín (propietario de Blanquiceleste SA que gerenciaba a Racing), Eduardo Mousseaud (presidente de Vélez), Miguel Ángel Toma (Ministro de Seguridad), Humberto Schiavino (Jefe de Gabinete) y el propio Puerta se resolvió ponerle punto final al Apertura después de la Navidad con sólo dos partidos: La Academia frente al Fortín en Liniers y River contra Rosario Central en el Monumental, “porque la gente necesitaba festejar”.
Lo llamativo fue que para el 27 de diciembre, el que ocupaba el sillón de Rivadavia era Adolfo Rodríguez Saá, quien había sido elegido por la Asamblea Legislativa para ocupar el cargo 4 días antes.
Aquella tarde en el José Amalfitani pasó de todo. La lluvia que estropeó a muchos molinetes del estadio, habilitó un ingreso superior al permitido. En Avellaneda, los simpatizantes también invadieron al Cilindro para seguir las acciones a través de una pantalla gigante. Y en los televisores de los hogares y los bares sólo se escuchaba el relato de Marcelo Araujo.
A los 8 minutos del segundo tiempo, Gabriel Brazenas sancionó una falta en ataque a favor de Racing que despertó la locura. “Fue un tiro libre por la derecha. Bedoya ejecutó con pierna cambiada cuando yo tenía a los jugadores en la misma línea. Cuando miré a Bedoya, Loeschbor intentó meterse para quedar habilitado. Quiso entrar a la última línea. Pero cuando se metió, Bedoya ya le había pegado a la pelota. Y Loeschbor cabeceó medio de costado. En esa décima de segundo tuve la duda, pero me dije: Ma sí, me voy al medio”…
Alberto Barrientos fue el primero en festejar el gol del campeonato. Lo hizo en silencio y sin importarle su trabajo. El juez de línea mantuvo su banderín abajo mientras se dirigía hacía la mitad de la cancha, dándole la derecha a Brazenas para que otorgara el tanto de Racing.
El grito comenzó en Liniers, donde el 75% del público era de la Academia, y continuó hasta llegar a Avellaneda, donde otros miles de fanáticos habían copado al Cilindro. Y todos juntos sufrieron cuando Chirumbolo le puso cifras definitivas al empate que cerró la campaña. Todavía algunos recuerdan al Gato Sessa yendo a buscar el cabezazo milagroso que le diera al Fortín el triunfo para evitar el título de su rival ¿Incentivo? A nadie le importaba.
El punto fue suficiente para terminar con la sequía de los 35 años. “Tuvimos planteles más vistosos y con jugadores de mayor jerarquía en el club, porque el equipo que armamos en 2001 fue para ganar un colchón de puntos y esquivar el descenso. Después del primer partido con Argentinos el hincha se empezó a ilusionar. Conseguimos un empate muy importante con el gol sobre el final del Flaco Loeschbor contra Independiente (segunda fecha) y ahí empezamos a ganar en confianza”, analizó Úbeda.
“Estuve en otros equipos que tenían más figuras, pero ese fue el más recordado por lo que se consiguió. Perdimos un solo partido (con Boca), ganamos en todos lados y demostramos que éramos un grupo con mucha dinámica y mucha valentía. Por eso se formó una gran amistad. Con algunos somos como hermanos. Eso pasa muy pocas veces en el fútbol. Si bien hubo un montón de campeones, ninguno logró la hazaña que conseguimos nosotros. Y quedamos en la retina del hincha de Racing para siempre. Tal vez el equipo de Cappa era más vistoso. O el de Ardiles, cuando quedamos afuera de la Copa Libertadores (2003), que jugaba muy bien al fútbol y tenía la base del 2001. Pero el de ‘Mostaza’ está más allá de todo porque se sacó la mochila enorme de los 35 años. Había chicos que no habían visto a Racing campeón”, completó el ‘Chanchi’ Estévez.
Pasaron dos décadas de uno de los sucesos deportivos más recordados por el complejo contexto social que lo acuñó. Propio de un guion de cine, la ‘Academia’ festejó cuando el país atravesaba uno de los peores momentos de su historia. Con dos canchas llenas y un Obelisco desbordado (de bronca en un principio y de felicidad después), Racing terminó con la sequía de los 35 años. Y lo hizo ‘Paso a Paso’.
Fuente: www.ole.com.ar - www.infobae.com
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