FÚTBOL - El robo de la copa Jules Rimet

El 19 de diciembre de 1983, un grupo de brasileños liderado por un reducidor de joyas argentino se llevó el valioso trofeo Jules Rimet de la vitrina de la Confederación Brasileña de Fútbol. Los ladrones fueron capturados, pero la copa nunca fue recuperada. ¿La fundieron para vender el material o fue un robo por encargo de un coleccionista inescrupuloso?

Cuando en marzo de 1966, a poco menos de tres meses del inicio del Mundial de Fútbol que organizaba Inglaterra, la Copa Jules Rimet – por entonces el trofeo para el ganador del torneo – desapareció misteriosamente de la vitrina del Central Hall Westminster donde estaba en exhibición, Abrainn Tebel, uno de los máximos de la Confederación Brasileña de Fútbol, pronunció ante decenas de periodistas un juicio lapidario: “Esto en Brasil nunca hubiera pasado. Incluso los ladrones en nuestro país consideran la Copa sagrada y robársela hubiera sido un sacrilegio”, dijo. Presa de la indignación, el hombre no imaginaba que 17 años más tarde debería tragarse, una por una, esas palabras. 

El robo de la Copa en Inglaterra fue un verdadero escándalo con un final tan inesperado como feliz. Cuando hizo esas declaraciones, el trofeo seguía desaparecido y el brasileño Tebel no podía saber que sería recuperada. La selección brasileña no ganó ese torneo, que quedó en manos de un equipo inglés favorecido por los árbitros de manera vergonzosa, pero sí obtuvo el siguiente, realizado en México en 1970, cuando el planeta entero siguió los partidos en la primera transmisión vía satélite de un Mundial. 

El trofeo pasó a ser entonces propiedad de la Confederación Brasileña de Fútbol, que podría exhibirla para siempre en una vitrina de cristales blindados instalada en la sede de la organización. Debía quedarse allí eternamente, pero no pudo ser porque el 19 de diciembre de 1983, un grupo de ladrones a los que no les importaba en absoluto lo “sagrado” del objeto, se la robó con una facilidad increíble. 

Un plan audaz

El plan del robo comenzó cuando un ambicioso empleado bancario llamado Sergio Pereyra Alves visitó el local una vez y descubrió que, si bien la Copa “Jules Rimet” estaba protegida por cristales a prueba de balas, la vitrina se encontraba burdamente adherida a la pared apenas con madera y cinta. Se lo contó a Juan Carlos Hernández, un joyero argentino radicado en Río de Janeiro que, además de sus oficios legales, se dedicaba a reducir joyas robadas. Ya estaban el ideólogo y el reducidor, pero les hacía falta la mano de obra para llevar a cabo el robo. No les costó convencer a dos ladrones experimentados llamados José Luiz Vieira da Silva, alias “Bigode” (Bigote) y Francisco José Rocha, alias “Barbudo”. 

La noche del 19 de diciembre, “Bigode” y “Barbudo” visitaron la sede de la Confederación y se metieron en el baño a la espera de que cerrara el local. Ya estaba entrada la noche cuando salieron de su escondite – nadie había revisado el baño – y redujeron al sereno. Tardaron apenas veinte minutos en desarmar la vitrina por la parte de atrás, sacar el trofeo, meterlo en una bolsa y llevárselo. 

Según la versión oficial de la policía brasileña, esa misma noche los autores materiales del robo llevaron el trofeo a la joyería de Hernández, donde el traficante lo cortó en pedazos con los instrumentos adecuados y después lo fundió para vender el oro en lingotes, que fueron vendidos por un total de 15.500 dólares, una verdadera miseria. Los tres integrantes brasileños de la banda fueron capturados rápidamente por una delación, pero Hernández logró escapar. Demoraron más de un año en encontrarlo y detenerlo. Sin embargo, la Copa Jules Rimet – si es que seguía existiendo como tal - no apareció. 

Por entonces Abrainn Tebel ya no era dirigente de la Confederación, pero aún así su nombre y las desafortunadas declaraciones que había hecho en Inglaterra 17 años antes fueron recordados una y otra vez en las crónicas del caso. Sobre todo, porque el trofeo seguía sin aparecer, mientras que en 1966 los ingleses lo habían encontrado apenas diez días después de que se lo llevaran y de una manera insólita. 

El enigma de la copa 

Muchos años después, Murillo Miguel, el investigador encargado de interrogar al joyero Hernández, relató en una entrevista que concedió a la BBC: “Lo interrogué por varias horas. Se notaba que era alguien muy astuto, muy hábil para este tipo de procedimientos. Fingía que no sabía nada. Entonces le dije que para los brasileños era una bofetada que un argentino hubiera convertido la Copa en lingotes de oro. Cuando le dije eso vi que en su rostro se dibujaba una sonrisa. Ese momento fue la prueba de que lo había hecho”. Hernández fue condenado en 1984, aunque jamás se declaró culpable del delito. 

Murillo Miguel nunca creyó que un reducidor tan hábil como Hernández hubiera fundido y vendido por poco más quince mil dólares un objeto que, por su historia, valía mucho más. Dos años más tarde, la revista italiana Guerin Sportivo pareció darle la razón. Publicó un artículo en el que se sostenía que, en realidad, el robo había sido encargado por un coleccionista italiano y que la copa no había sido destruida, sino que estaba en oferta en el submundo del tráfico ilegal de obras de arte. 

El destino final del trofeo Jules Rimet sigue siendo un misterio. No se sabe – y quizás nunca se sepa – si fue realmente fundido para vender su material en lingotes o está en manos de un coleccionista inescrupuloso. A todo esto, después de ese segundo robo, la FIFA tomó una decisión para que algo así no volviera a ocurrir. En la actualidad, La “Copa del Mundo”, como se llama el nuevo trofeo, está guardada con estrictas medidas de seguridad en la sede de la organización, de la que no sale nunca. Las selecciones campeonas se llevan a su país una simple réplica.

Fuente: www.infobae.com 

Foto: Web

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