
El 8 de julio de 2014, Alemania protagonizó una de las semifinales más impactantes en la historia de los Mundiales. En Belo Horizonte, el local cayó 7–1 en una noche que silenció al Mineirão y marcó para siempre la memoria colectiva del fútbol brasileño.
El 8 de julio de 2014, el Estadio Mineirão de Belo Horizonte se preparaba para una fiesta nacional. Brasil, anfitrión del Mundial, buscaba volver a una final después de 12 años. El rival era Alemania, potencia histórica, pero el clima previo era de confianza absoluta: el país entero esperaba una victoria que reafirmara la identidad futbolística brasileña.
Lo que ocurrió fue una de las noches más impactantes en la historia del deporte. En apenas 29 minutos, Alemania marcó cinco goles: Müller, Klose, Kroos (dos) y Khedira. El público quedó en silencio, incrédulo. El 2–0 de Klose lo convirtió en el máximo goleador de la historia de los Mundiales hasta ese momento (16 tantos), superando a Ronaldo.
En el segundo tiempo, Schürrle anotó dos más y el marcador final quedó 7–1, con el descuento de Oscar en el cierre. Brasil sufrió la peor derrota de su historia en un partido oficial, en su propio país y en una semifinal mundialista.
El ‘Mineirazo’ se transformó en un trauma deportivo comparable al 'Maracanazo' de 1950. La imagen de los hinchas llorando, los jugadores paralizados y el silencio del estadio recorrió el mundo. Alemania avanzó a la final y se coronó campeona cuatro días después. Brasil inició una reconstrucción profunda que marcó el rumbo de su fútbol en la década siguiente.
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