El 1 de diciembre de 1973, en pleno apartheid, Bob Foster defendió su título mundial semipesado frente a Pierre Fourie en Johannesburgo y se convirtió en el primer boxeador negro en vencer a un rival blanco en suelo sudafricano. Ante 40.000 espectadores, su triunfo por decisión unánime marcó un hito deportivo y social, aunque su silencio frente a la política racial generó tanto admiración como controversia.
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