El 25 de agosto de 1922, el béisbol estadounidense vivió una de esas jornadas que quedan grabadas para siempre en la memoria colectiva. En Cubs Park, el estadio que cuatro años más tarde sería rebautizado como Wrigley Field, Chicago y Philadelphia protagonizaron un encuentro que rompió todos los moldes: 49 carreras combinadas, un marcador que parecía de otro deporte y un ritmo ofensivo que aún hoy, más de un siglo después, sigue siendo récord absoluto en las Grandes Ligas.
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