El 6 de diciembre de 1956, Hungría y la Unión Soviética se enfrentaron en la semifinal olímpica de waterpolo en Melbourne. El choque, marcado por la violencia y la tensión política tras la Revolución Húngara, se convirtió en símbolo de la Guerra Fría. Con golpes, sanciones y un jugador húngaro ensangrentado, el partido quedó grabado como el más violento del olimpismo y pasó a la historia como el ‘Baño sangriento’.
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