
El 21 de diciembre de 1954, nació Chris Evert, una de las tenistas más importantes del siglo XX. Ganó 18 títulos de Grand Slam y fue la primera en alcanzar 1000 triunfos en singles. Su irrupción en los setenta supuso un antes y un después en el mundo del tenis. Una mujer que revolucionó el deporte y dejó un legado imborrable.
Fue algo más que una tenista y la sola mención de su nombre evoca una oleada de emociones en todos los amantes del deporte. Chris Evert fue una figura que trascendió el tenis y cuya influencia mediática se dejó notar en todos aspectos. Esa rivalidad íntima con Martina Navratilova, que pasó de ser su mejor amiga a archienemiga acérrima por culpa de terceros que las enfrentaron y que en cuanto dejaron el tenis volvieron a retomar su inquebrantable amistad, copó las pantallas de información deportiva durante muchos años y fue elevada a un estatus superior. Ambas acabaron con 18 Grand Slams, y aunque Chris sufrió mucho ante Martina, alargó su carrera muchísimo, siendo capaz de ganar Grand Slams más allá de la treintena y convirtiéndose en la reina indiscutible de la tierra batida.
Y es que si hubo un terreno donde su hegemonía apenas tuvo discusión, fue en la arcilla. Campeona de Roland Garros en siete ocasiones, consiguió el primer título de Grand Slam y el último en París; estrenó su casillero en 1974, apabullando a todas sus rivales y sin dejar escapar ni un set, y doce años después, volvió a levantar el trofeo que le acreditaba como ganadora, imponiéndose en la final, precisamente a Navratilova. Ganadora de la friolera de 157 títulos profesionales, su longevidad, carisma y espíritu competitivo fueron claves para la consolidación del tenis femenino y el empoderamiento de la mujer a través del deporte.
Fuente: www.puntodebreak.com
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