
El 19 de julio de 1920, en el viejo Comiskey Park de Chicago, Babe Ruth volvió a hacer historia. Ese día, el toletero de los New York Yankees conectó su 30° jonrón de la temporada, superando la marca que él mismo había establecido un año antes y redefiniendo para siempre el deporte.
La crónica del Baseball Hall of Fame recuerda que Ruth enfrentó al zurdo Dickey Kerr, uno de los lanzadores más respetados de los White Sox. En el primer juego del doble turno, el Bambino encontró un lanzamiento alto y lo envió más allá de la cerca del jardín derecho, desatando la ovación de un estadio que, aun siendo visitante, ya reconocía que estaba presenciando algo extraordinario.
Ese jonrón no fue un hecho aislado: fue el símbolo de una transformación. Ruth estaba rompiendo con la era del “dead-ball”, un béisbol de pocos batazos largos y mucho juego pequeño. Con cada swing, inauguraba un estilo ofensivo que cambiaría la liga para siempre. El Hall of Fame destaca que ese día, además, Ruth sumó otro cuadrangular en el segundo partido, consolidando una temporada que terminaría con 54 jonrones, una cifra impensada para la época.
El impacto fue inmediato: los Yankees comenzaron a construir su identidad alrededor de su estrella, los estadios empezaron a llenarse para verlo batear y el béisbol entró en una etapa de popularidad sin precedentes. Lo que ocurrió aquel 19 de julio no fue solo un récord: fue el nacimiento del mito moderno del deporte estadounidense.
Foto: ESPN