Mirko Saric, el caso que interpeló al fútbol argentino

El 4 de abril de 2000, el mediocampista de San Lorenzo, Mirko Saric, se quitó la vida. Por él ya se habían interesado el Real Madrid y el Mallorca. Un caso que expuso las fragilidades detrás del brillo de la pelota y obligó a repensar cómo el fútbol acompaña —o desatiende— a sus protagonistas.

Mirko Saric buscaba resurgir tras sufrir la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Había llegado a jugar 41 partidos en Primera y había convertido cuatro goles. Lo había buscado el Real Madrid, dispuesto a pagar 10 millones de dólares por su ficha (el Ciclón lo había tasado en 13 millones). Incluso en plena rehabilitación, el Mallorca había ofertado USD 5.000.000 para llevárselo. Pero nada de eso sucedió. 

El 4 de abril de 2000, hace 25 años, Mirko Saric, mediocampista elegante, con estirpe de organizador de juego, se quitó la vida. Y su caso interpeló al fútbol argentino, que entonces todavía no tenía incorporado al gabinete psicológico como una pata natural en su ecosistema, que no supo cómo acomodarse ante semejante e inesperado golpe. Dominaba (¿y domina?) el axioma que marca que el jugador de fútbol “se entrena dos horas por día y cobra fortunas”, el paradigma del deportista privilegiado. La situación hizo sonar las alarmas mucho más allá de las fronteras del Ciclón: ¿hasta dónde el cuerpo y la mente de las jóvenes promesas -tenía apenas 21 años- están preparadas para soportar las presiones, el peso de los deseos, la proyección de los sueños? 

“Un día me golpea la puerta, me dice: ‘¿Puedo hablar con vos?’. ¿Qué estaba esperando yo? Que dijera ‘mirá, a mí por izquierda no me gusta jugar’, yo lo hacía jugar por izquierda; ‘no tengo marca’, no sé… Me senté en la cama y me dice… ‘No le encuentro sentido a la vida’. Así, de la nada. Yo le dije: ‘Tenés a tu papá, tu mamá, tus hermanos, tus amigos, los pibes del plantel te quieren, firmaste contrato, jugás al fútbol, ¿qué es lo que querés?’. ‘No me pasa por ahí’, me respondió. Yo no sabía otra cosa. Entonces lo llamé a su papá y le conté. Me avisó: ‘Quedate tranquilo que está tratándose con un psiquiatra’. Y después pasó lo que pasó”, supo narrar Oscar Ruggeri, en aquel tiempo entrenador de la Primera del Cuervo, sobre cómo se quedó sin herramientas ante un desafío que no tenía a la redonda como llave. 

En 2020, su familia reveló que, además de la transferencia trunca y la lesión que había puesto en pausa su despegue, vivía un problema personal que no logró superar. “Mirko estaba feliz porque había sido papá. Era una chica del barrio y sabíamos cómo se manejaba cuando él estaba concentrado… La enganchaban con muchos pibes. Pagó fortuna por un ADN para él, la madre y el nene. Dio negativo. Un día me llama con voz de ultratumba y me dice: ‘Mamá, venite urgente para casa’. Cuando llego me muestra los resultados y me dice: ‘¡Tenías razón mamá!’. Lloraba a más no poder. Te juro que en mi vida quise tener la razón. Ojalá hubiera sido de él porque si ese hijo hubiera sido suyo, no se hubiera matado”, contó Ivana, su mamá, en una entrevista con Infobae. 

Saric había saltado a la élite de nuestro fútbol el 22 de diciembre de 1996, frente a Unión de Santa Fe, con apenas 18 años, reemplazando a un tal Néstor Gorosito. Su técnica y versatilidad impactaron a cada entrenador que lo tuvo. Sus mejores rendimientos fueron como volante central, con el joystick del mediocampo, manejando los tiempos. El pico de su nivel lo tuvo en 1999. Vaya paradoja, en diciembre de ese año, en un duelo de Reserva frente a River, sufrió la lesión que le quitó el envión que traía, el que lo había puesto en la vitrina de Europa. En ese contexto recrudeció su problema personal. 

“Cuando los chicos suben a Primera, en general tienen una racha muy buena, pero después pasan por una meseta, caen en un bajón. Algunos vuelven como grandes figuras y otros no salen de esa meseta. Depende de la personalidad, del apoyo de la familia, del grupo; son muchos los factores”, describió Carlos ‘El Cai’ Aimar, el DT que lo subió a Primera. No todos llegan a asentarse. No todos tienen un alto nivel de tolerancia a los golpes. Y hay golpes más fáciles de digerir que otros. El caso Saric interpeló al fútbol a todo nivel. Las miserias quedaron al descubierto, sin red. Apenas 48 horas después, San Lorenzo debió jugar contra Cerro Porteño para definir la clasificación en el Grupo 5 de la Copa Libertadores.

Fuente www.infobae.com 

Foto: www.sanlorenzodeamerica.com.ar 

Video: YouTube

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