
El 5 de marzo de 1977, durante el Gran premio de Sudáfrica disputado en Kyalami, el piloto galés Tom Pryce y un comisario de carrera, perdieron la vida en un accidente que lo involucró a los dos y que fue visto en directo en todo el mundo.
Tom Pryce nació el 11 de junio de 1949 en Ruthin, Gales. De joven, en la granja familiar, su héroe era Jim Clark. Él comenzó a correr relativamente tarde, a la edad de 20 años, pero después de un buen comienzo en la Fórmula Ford 1600, pasó a la Fórmula 3 y luego a la Fórmula 2 con Ron Dennis y el equipo Rondel de Neil Trundle.
A la edad de 25 años, Pryce debutó en la Fórmula 1 al volante de un monoplaza de Token Racing; el primer coche de F1 diseñado por Rondel (el proyecto fallido de Dennis), pero inmediatamente vendido a Tony Vlassopulos y Ken Grob.
Cuando la aventura de los Token terminó a mediados de 1974, se trasladó a Shadow y, a pesar de su inexperiencia, realizó algunas verdaderas hazañas en la clasificación, a veces igualando a Niki Lauda y James Hunt. Sin embargo, Pryce era muy impetuoso y a menudo se retiraba de la carrera debido a accidentes.
En 1975 y 1976, todavía conducía para Shadow. En 1975, ganó la Carrera de Campeones en Brands Hatch. Aunque se clasificó relativamente bien en el Gran Premio, Pryce todavía fallaba con frecuencia (cabe señalar que los monoplazas de Shadow no eran los más fiables), pero terminó tercero en Austria en 1975 y tercero de nuevo en Brasil en 1976.
Después de un difícil comienzo de temporada en 1977, el equipo Shadow, formado por Pryce y Renzo Zorzi, hizo su debut en el Gran Premio de Sudáfrica. El galés se clasificó en el 15º lugar, pero falló en el arranque y descendió al sitio 22. Después tuvo una fuerte remontada y en el giro 22 ya era 13° por detrás del March de Hans-Joachim Stuck.
Fue en esos momentos cuando Zorzi detuvo su monoplaza justo después de la subida al principio de la larga recta. La gasolina roció su motor Ford y se inició un incendio.
La dirección de carrera, gran culpable de las muertes que estaban a punto de producirse, tomó dos decisiones inexplicables: por un lado, permitió que los coches siguieran la carrera a ritmo normal, aunque el coche de Zorzi estaba a poco más de un metro del asfalto. Y, lo peor de todo, ¡ordenó a los comisarios de pista que estaban más cerca que corriesen a extinguir el fuego del Shadow!
Dos comisarios cruzaron a la carrera la pista extintores en mano para cumplir las órdenes de sofocar el fuego del Shadow. El primero de ellos logró llegar al otro lado de la pista, cruzando casi entre monoplazas que pasaban a toda velocidad. Pero Pryce, con el Shadow número 16, no pudo evitar atropellar al segundo comisario, un joven de 19 años llamado Frederick Jansen Van Vuuren.
La subida bloqueaba la vista de los pilotos quienes se encontraban con el accidente y las maniobras para apagarlo de inmediato. Stuck y Price se dirigían a la zona a más de 270 km/h y mientras el primero logró evitarlos, Pryce tenía su visión bloqueada por el ala del March por lo que al momento de acercarse a la zona del accidente no tuvo tiempo de maniobrar. Golpeó al segundo oficial, Jansen Van Vuuren, quien fue lanzado al aire, falleciendo en el acto.
Pryce impactó a Van Vuuren a una velocidad de aproximadamente 270 km/h. El impacto fue tan fuerte que no solo mató instantáneamente a Van Vuuren, sino que su cuerpo se partió en dos, esparciéndose sus restos por toda la pista en el momento más violento y sangriento de la historia del Gran Circo. De hecho, tras el accidente hubo muchos problemas para identificar al jovencísimo e inexperto comisario.
En el momento del atropello de Van Vuuren, el extintor que llevaba, de unos 17 kilos de peso, voló de las manos del ya muerto comisario directamente al casco de Pryce, impactando con tal violencia que su casco voló, matando también instantáneamente al piloto galés.
El Shadow de Pryce continuó rodando a más de 200 km/h, con un piloto muerto en su interior, sin control hasta chocar con el muro, volver a la pista e impactar por detrás con el Ligier de Jacques Laffite que, tras acabar ambos fuera de carrera, tuvo un primer impulso de ir a increpar a Pryce, aunque un segundo después comprobó que la cosa estaba mal. El piloto galés yacía muerto dentro de su monoplaza, sin casco y sin haberse enterado de por qué le había llegado la muerte de la forma más tonta e inesperada.
La competencia la ganó Niki Lauda a bordo de la Ferrari 312T2, fue su primera victoria tras el accidente que casi le costó la vida en Nürburgring el año anterior. El ‘Lole’ Reutemann era su compañero de equipo y terminó 8º, pero esos datos quedaron opacados por lo que el mundo entero pudo ver por TV.
Fuente: www.revistadelmotor.es – www.lat.motorsport.com
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