NATACIÓN - Michael Phelps y la octava medalla que cambió la historia

El 16 de agosto de 2008, en el Cubo de Agua de Beijing, Michael Phelps cerraba una de las actuaciones más extraordinarias jamás registradas en el deporte olímpico. Ese día, el estadounidense conquistaba su octava medalla de oro en los Juegos de 2008, superando el récord de Mark Spitz y estableciendo un hito que aún hoy define la dimensión de la excelencia en la natación. 

La expectativa era mundial. Phelps ya había ganado siete oros en la misma edición y cada jornada parecía empujar los límites de lo posible. Pero faltaba la prueba más delicada: el relevo 4×100 estilos, una carrera donde el rendimiento individual no alcanzaba; dependía también de la precisión colectiva del equipo estadounidense. 

El duelo era directo contra Australia y Japón, potencias en el estilo combinado. Estados Unidos necesitaba una ejecución perfecta: Aaron Peirsol en espalda, Brendan Hansen en pecho, Phelps en mariposa y Jason Lezak en libre. Cuando Phelps se lanzó al agua para el tercer tramo, el reloj marcaba una diferencia mínima. Su parcial fue demoledor: 50.15 segundos, uno de los mejores registros de mariposa en relevos. Lezak completó la faena con una definición impecable. 

El tablero confirmó lo que el mundo esperaba: Estados Unidos 3:29.34, récord olímpico. Con ese triunfo, Phelps alcanzó su octava medalla de oro en Beijing. Ningún atleta en la historia había logrado semejante cosecha en una sola edición olímpica. El 16 de agosto quedó marcado como el día en que la natación redefinió sus fronteres y el deporte mundial sumó una de sus efemérides más contundentes. 

Foto: EFE

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