
El 13 de julio de 1924, el finlandés Albin Stenroos ganó la maratón de los Juegos Olímpicos de París con un tiempo de 2:41:22.6. A los 38 años, el corredor consolidó una trayectoria marcada por la resistencia y el dominio del fondo, en una actuación que aún hoy es referencia histórica.
El 13 de julio de 1924, en los Juegos Olímpicos de París, el finlandés Albin Stenroos afrontaba la maratón con un recorrido exigente y temperaturas elevadas. Era un atleta experimentado, parte de la escuela finlandesa que dominaba las pruebas de fondo en las primeras décadas del siglo XX. Su carrera ya incluía medallas olímpicas y marcas destacadas, pero la maratón era el desafío que podía coronar su legado.
Desde los primeros kilómetros, Stenroos impuso un ritmo firme y sostenido. La prueba se convirtió en una batalla de resistencia: varios competidores quedaron relegados por el calor y la dureza del circuito. Stenroos, fiel a su estilo, corrió con economía, precisión y una capacidad admirable para mantener la cadencia. A mitad de carrera tomó la punta y nunca la soltó. Cruzó la meta con 2:41:22.6, una marca que, para la época, representaba un rendimiento excepcional y una demostración de dominio absoluto.
La victoria de Stenroos quedó registrada como uno de los grandes momentos del atletismo olímpico. A los 38 años, se convirtió en uno de los campeones de maratón más veteranos de la historia. Su triunfo consolidó la tradición finlandesa en las pruebas de fondo, que en esos años tenía figuras como Paavo Nurmi y Ville Ritola conocidos en la época como los ‘finlandeses voladores’ por la capacidad que tenían para sostener ritmos que parecían imposibles.
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